lunes, 28 de noviembre de 2016

Los escritores malditos III (Los poetas III)

Continuando la magistral lección que habíamos comenzado a estudiar, toca hablar hoy, lunes, de Don Leocadio Yunamierda Pérez, el escritor gótico por excelencia.




Leocadio nació en los arrabales de la catedral del priorato. Era hijo de Wenceslao Yunamierda Sánchez, oficial de sepulturero de dicho priorato y de Gumersinda Pérez Pérez, que era una difunta del lugar.
A edad temprana comenzó a trabajar como aprendiz de sepulturero, pero se le daba bastante mal. Sus muertos se desenterraban solos y el padre estaba harto de tener que ir a buscarlos luego.
Un buen día lo llamó a un reservado y le conminó a que dejara el trabajo y estudiara, que era una cosa que se estaba poniendo de moda en la capital.
Tal hizo el joven Leocadio y con una muda limpia y una libreta se marchó a la Universidad del priorato.
Allí dio comienzo sus brillantes eras de aprendizajes, y en poco tiempo aprobó parvulitos y primero de la EGB, a eso siguió segundo, tercero... y un buen día hasta cuarto hizo.
Pero, según cuenta su biógrafo, Don Pascualino del Abedul, es en esta época cuando se le aparece en sueños un señor muy feo que le da capones y le insta a que barra el bosque. El joven Leocadio se despierta presa de fuertes convulsiones y espasmos de diversas cuantías y escribe lo que sería su primer poema.

ODA A UN TÍO MUY FEO QUE SE ME HA APARECIDO EN SUEÑOS
Oh, tío feo
Haz el favor de no darme capones
que si me los dieras o dieses otra vez
la congoja que anida en mi alma
tu no sabes la que es
anda y anda

La rima es una asignatura que aun no había dado, así que rimar, o que se dice rimar, no rima, pero causa muy buena impresión a su profesor de gimnasia rítmica, quien lo anima a continuar con la lírica. Además le aconseja que se deje el deporte y que coma más, mucho más.



Leocadio hace caso a su profesor y le escribe una de las más bellas composiciones de su siglo a la joven Renata Fresones. Comienza de esta guisa.

Renata amada
me gustaría que estuvieses muerta
para poder llevarte flores a la tumba
y llorarte un ratito cada día

La joven Renata, seriamente sorprendida, emprende acciones legales, presa de su amor, y consigue que le embarguen la pluma de escribir poesía. Sin embargo, Leocadio está poseido por el espíritu poético y compone para su amada esta suma:

3476898755429
3487776198711
3986541953429
8776543877711
3652009877129
3468534980011 

Como se puede apreciar, rima en 29 y en 11.
Renata cae presa de la pasión en el amor y le pide a Leocadio que le escriba marranadas con esdrujuleces. El joven poeta maldito no sabe lo que son las esdrujuleces esas ni las marranadas y le escribe un pestiño super cursi de margaritas y flores y mariconadas de esas.
Renata lo manda a paseo y Leocadio, al que ya le han devuelto la pluma de las poesias, escribe esta tristisima epístola de compungimiento y solaz:

Asi que ahora no te gusta lo que escribo
¿No, rica?
Pues vete a la mierda
Y además, estás gorda,
que lo sepas.

El dolor se destila en cada silabas del escrito. Acude a su rescate su anciano padre, que ya era sepulturero mayor del priorato y lo conmina a que vuelva a intentar lo de enterrar muertecitos.
Esta vez se le da mejor y se deja la literatura y esas tonterías.
Y ya no escribió más.
¿Qué se le va a hacer?



El próximo día hablaremos de un novelista, para haceros más amenas las clases. Nada menos que de Mentolato Smith, que además de novelista y extranjero, fumaba muchísimo.

jueves, 5 de mayo de 2016

Los escritores malditos II. Los poetas (II)

 Esta entrega es continuación de esta otra donde se explicaba la magistral lección que se está impartiendo.


Ceferino Cienfuegos Cetamayúscula. Religioso y poeta.
Ceferino nació fruto de un parto un día que su madre rompió aguas.
A edad párvula se sintió llamado por el deseo de escribir e ingresó en un convento, donde le enseñaron a copiar las magnas obras de la antigüedad.
Era la edad media y eran así de raros.
(Por cierto, ¿como es que por ser la edad media iba la gente a caballo, pero si  una persona es de mediana edad tiene que ir a pie, y lo que es peor, cuando hay mucha gente y se quiere saber la media de edad, se suma y se divide y no sale el caballo por ningún lado? No es justo)



A base de copiar y copiar textos antiguos, aprendió a expresarse de forma bella y desinhibida y compuso sus primeros poemas:

Porque eres bella te quiero mirar
y con tu cara quiero soñar
si te pudiera acariciar
un beso te querría dar
sin que nos pudieran observar
sin quererte abandonar
que bonito, Mari Mar.
Este bello poema se lo dedicó a Doña María del Mar Pescadilla de Brahamante, viuda de Don Hilofino Brahamante Pérez, madre del anciano padre superior de la abadía.
Mas tarde, al verse rechazado en sus requiebros, fijaría el objeto de su interés en un compañero de oraciones, que hasta la fecha nos ha sido desconocido:
Que bien mueves el culo al caminar
cuando te veo barrer
y la basura vas a tirar
porque no la puedes esconder
Saleroso
Este último poema cayó muy mal en las altas estancias del priorato y el joven Ceferino fue llamado a capítulo. Fue acusado de lascivo, procaz, e injurioso. El arcipreste del priorato, hombre ecuánime y riguroso como pocos, fue inflexible en sus exigencias y condenó al poeta a cortarse las uñas de los pies todos los días.

 
Intervino entonces el anciano padre superior de la abadía (parece ser que influido por su madre, que a la sazón empezaba a sentir cierta curiosidad por el monje lascivo) y le conmutó la pena por otra de azotes en las nalgas cada tarde después del rezo vespertino. Es de esta etapa de su vida de donde proceden estos versos tan tristes:

Triste destino el mío
que solo teniendo diez uñas
ambas nalgas me flagelan
con inusitada rebeldía,
¡Madre mía!

Conmovida la comunidad, se decide conmutar la pena de los azotes en las nalgas por el de morir en la horca. Pero Ceferino, que resulta ser un ingrato, se fuga del convento una noche sin luna y no sabiendo donde ir se presenta al día siguiente con un bigote postizo para ingresar como novicio. Dice llamarse Ceferino Cienfuegos Cetamayúscula también, pero que se debe tratar de una casualidad. Es aceptado y se le da una escoba y el encargo de barrer el escaramujo, que en esa época era además de un bicho muy malo, una plaga.
Mientras barre escribe su primer libro de poemas, que le daría fama y lo convertiría en el escritor maldito que hoy conocemos. El libro se titula "El puto escaramujo" y es un canto de amor y pasión al escaramujo y a la madre que lo parió.



Con el llega la fama efímera y las riquezas inconmensurables. Como es un hombre sencillo, no quiere el dinero. Solo las cosas que se pueden comprar con él. Se va del convento y pone una casa de latrocinio.
De esta época procede su segunda obra "La puta casa". Es un revulsivo para la sociedad de su época. Es un jarro de agua fría y se vuelve pobre. La gente exige que le devuelvan su dinero y además devuelven el libro anterior contra reembolso. Lo echan de la casa de latrocinio y pretende volver al convento, pero ya era por la noche y está cerrado.
Se instala como escayolista en el cercano pueblo de Cienfuegos y pronto se olvida del latrocinio y los frailes. Escribe su tercera y ultima obra "La puta escayola". Pero es muy mala.

Abrumado por el descrédito se muere.



Hasta hace algunos años se estudiaba como uno de los poetas de la edad media (la de los caballos) pero ya lo han quitado y lo han puesto de escritor maldito.
También podían haberlo puesto de escritor escayolista, o de escayolista poeta, pero no. La gente, que cuando les da por un capricho.

jueves, 28 de abril de 2016

El caso de la pitonisa poetisa.

Se llamaba Antoñita Culoprieto Fernández Quincuagésima. Era una mujer rubia...


- ¿¡También era rubia¡? ¿Es que solo te contratan las rubias? ¿Tú no ves nada raro en eso? -Le pregunté a mi amigo el día que empezó a contarme el caso de la pitonisa poetisa- Cada vez que me dices que entró en tu despacho una mujer, es rubia. Tu secretaria es rubia platino, la mujer de la limpieza es rubia platino, todas tus clientas son rubias platino...
Esta era de bote. Además tenia el pelo de paja. Y se le veían las puntas negras, y las cejas...
- Vale, vamos a dejarlo ahí, que te estoy viendo venir.
Entró en mi despacho tambaleándose, como si viniera de bailar alguna salsa de esas modernas.
- Señor detective -me dijo- Buenas tardes nos de Dios.
Yo la miré con esa perspicacia que me carateriza y le dije:
- Comprendo
Parece que se animó y ya me dijo de corrido:
- Me llamo Antoñita Culoprieto Fernández Quincuagésima, soy una mujer rubia natural de bote, soy poetisa y pitonisa. Un día una cosa y otro otra. Todo no se puede ser al mismo tiempo en la vida. Porque si estoy pitoniseando y, un suponer, le hablo en verso, ¿a que usted lo encuentra raro?
Aquella era una pregunta cargada de intención. Ya sabes que yo soy un detective con muchos años de experiencia a mis espaldas, y decidí darle una vuelta de tuerca. Le dije:
- Comprendo
- Pues el caso, señor detective es que necesito que usted investigue una cosa de mucho misterio. Se trata de que yo le había hecho una promesa a un santo de que le iba a poner una vela. Era un cirio muy bonito. Con cera por fuera y una mecha por dentro. Muy vistoso. El caso es que le estaba comprando un molde para hacer bizcochos a mi madre mía de mí, para que me haga una tarta de chocolate cuando héteme aquí que el cirio se había desaparecido.
- Comprendo
-Estaba yo preguntando por la talla del molde, cuando ¡¡Paff!! el cirio se desaparece. Fue una cosa...
- Comprendo
- Y es por esto. A ver si hace usted el favor de investigar y me lo encuentra.
Y diciendo esto último se marchó.



Yo quedé compungido. Ya te lo puedes imaginar. Toda la vida queriendo ser santo para que me llevaran cirios y velas y esta pobre mujer había perdido su oportunidad de ser grata a los ojos de algún bendito de dios.
Tomé mi lupa y me puse manos a la obra. Me personé en la casa de la pitonisa Antoñita. Estaba atendiendo a un cliente. Le leía la mano. Era muy buena.
- Usted -le decía al sujeto- en esta mano tiene cinco dedos.
-¡¡Es verdad, es verdad!! -decía el señor alborozado.
- Calle, que me están hablando los astros, me dicen que usted, que usted...hoy al salir de casa se ha puesto una rebequita verde por si refrescaba.
- Es cierto, es cierto -decía el señor- mire, es esta que llevo puesta.
- Pues ahora le voy a recitar un poema muy bonito que me aprendí en mi tierna infancia. Dice así:
Oh, que bonito es el mar
por la mañana temprano
cuando al ir a trabajar
me sudan las manos
¿Le ha gustado? Pues no se lo cuente a nadie... -entonces se dio cuenta de que yo estaba allí-
Oh, señor detective, no había reparado en su presencia. Mire, ahí al lado de esa mesita estaba el cirio de mis quebrantos. En una caja que pone "Cirios y velas para poner a ese bendito hombre".



Me acerqué a mirar la caja a la cual se refería la pitonisa. En efecto, allí estaba la caja y la caja estaba vacía. ¿Vacia? Ya te he dicho que llevaba mi lupa. Al mirar con más detenimiento observé atónito que había una pelusa. No era una pelusa normal. Era una de esas pelusas que salen debajo de los sofás en el mes de abril del corriente. Preso de una fuerte intuición, me agaché a mirar debajo del sofá y...sí. Allí estaba el cirio.
Lo tomé con manos temblorosas y me acerqué a donde estaba la pitonisa recitando un octeto al señor.
Ella lo miró con creciente interés y cayó de rodillas ante mí.
- Señor detective, ¿Cómo es posible?
- Elemental -le dije- hay que limpiar un poco más, rica.
Y eso es todo ¿Te ha dado miedo?

domingo, 15 de noviembre de 2015

El proceloso caso de la bruja fea con unas domingas propias de un sábado.

Aquella noche mi amigo estaba especialmente charlatán. Me había citado sin darme demasiadas explicaciones "a eso de las nueve y donde tú ya sabes".
Alrededor de las nueve y cuarto me volvió a llamar para preguntarme donde era el sitio, porque él se había ido al kiosko del parque donde este verano nos habíamos tomado las cervezas por las tardes y estaba ya cerrado.
Me habló de lo divino y de lo humano. Con lo divino no se entretuvo demasiado, porque había discutido de forma más que exabrúptica con el cónsul del reverendo del obispado. Su conversación sobre la parte mundana de los seres más o menos humanos, como siempre, consiguió que me olvidara de mis muchísimos problemas medioambientales.

¿Sabes? -Me dijo de pronto- Hace tiempo que no te cuento ninguno de mis muchísimos casos. Pues hoy, por ser unas fechas tan señaladas, te voy a contar uno. Pa que veas.


Y esto fue lo que me contó aquella noche:

Serían alrededor de las cuatro de la tarde de aquel jueves cinco de Noviembre cuando su secretaria le informó de que había una señora que insistía en verlo.
La señora resultó ser una rubia platino de proporciones perfectas...(en este punto interrumpí a mi amigo para preguntarle si estaba seguro de que la señora era de esa tal tesitura y él me aseguró que de tal forma era la susodicha clienta. Además, puntualizó lleno de santísima congoja, se llamaba Marisa)...de unos treinta y pocos años y de ojos garzos y verdesísimos...(En este punto insistí en querer saber si estaba seguro de lo que decía y mi amigo se reafirmó en sus afirmaciones. Además, lleno de convicción me aseguró que se llamaba de primer apellido Gutierrez)...que se sentó delante de su mesa y le dijo:
- Buenas tardes.
Mi amigo, que podrá parecer un buen montón de cosas, es, sin embargo, un hombre muy educado y le contestó con otro exquisito:
- Buenas tardes.
La señora no se anduvo ya con más remilgos y le dijo:
- Me llamo Marisa Gutierrez y quiero que investigue un caso de mucho misterio.
- Buenas tardes -Insistió mi amigo dejando claro ya que él era mucho más que un hombre educado.
- El caso de mucho misterio es de que la otra noche cuando volvía de misa de ocho un desconocido que se llama Enrique Pérez García y que es auxiliar de farmacia de la esquina de mi calle me abordó de forma inopinada y me dio este sobre manuscrito. Como verá usted, dentro hay un anónimo que pone unas cosas muy misteriosas y que dan mucho que pensar -dijo al tiempo que le tendía al investigador un sobre que acababa de sacar de su bolso.
- Vaya, vaya...a verlo, a verlo, ¿me deja que lo vea? ¿Lo puedo ver? A ver qué pone, a ver qué pone...
El sobre, tal y como había adelantado Doña Marisa Gutiérrez, contenía un manuscrito. El manuscrito decía:
"El buho buha y la marsopa no se lo va a impedir.
Nicanor tenía un bote de remos pero había dejado de fumar.
Si eres más tonta te hubieran convidado a plátanos.
La suma de los elementos de un conjunto no pueden ser esdrújulos aunque lo exiga el santo patrón.
Te vas a enterrar rubia de bote."
- Ummhhhh....esto que pone aquí, esto que pone, Ni Canor tenta un bate...debe ser alguna clave o algo así de mucho misterio.
- No, mire, es que lo está usted leyendo mal. Pone Nicanor.
- ¡¡Nicanor tocando el tambor!! Vale ya está el caso resuelto.
- ¡¡¡¿¿Cómo??!!! ¿Es posible?
- Sí. Yo tenía un amigo que se llamaba Nicanor, que no sabía tocar el tambor y a lo mejor ha dejado de fumar.
- ¿Cómo?
- No, espere, eso no puede ser. Mi amigo es de León y este anónimo no pone que sea de allí.
- Bueno, señor investigador, haga lo que tenga que hacer y resuelva este caso, que luego pasa lo que pasa.
Y la rubia platino se marchó.

Mi amigo llamó a su secretaria entonces y le encargó que lo despertara a eso de las seis, porque Doña Marisa había llegado justo a la hora de la siesta y no era plan de andar luego pegando cabezadas en mitad de un tiroteo.
Cuando se despertó más tarde se vio capaz de darle un enfoque totalmente nuevo al caso que le habían planteado un par de horas antes.
- Verás -me explicó- era una simple ecuación matemática de tercer nivel con un sintagma estructural que hacía un binomio polisintgmático. Ja ja ja, a ti te parece complicado, pero para un hombre con mis recursos memotécnicos es en realidad una fruslería.
Verás, el buho que buha representa un semaforo en rojo y la morsopa es una señora que asomada a su ventana se fija en quien se lo salta...
- ¿Qué me dices?
- Lo que yo te diga. ¿No ves que yo soy un investigador con mucho prestigio? Nicanor con un bote de remos pero que ha dejado de fumar se refiere a alguien que se compró un bote este verano y que ya no va al estanco.
  Y ahora viene lo interesante, justo en la esquina de la plaza del alquitrán, hay un semáforo, hay un estanco y una señora muy cotilla que se pasa las horas asomada a la ventana. ¿Asombrado? Pues eso no es nada, porque además, da la casualidad de que cierto cliente de ese mismo estanco se compró una barquita de remos este verano. Ese hombre se llama Nicomedes Gutiérrez.
- ¿Todo eso lo dedujiste solo con echar una siesta?
- Casi. Tuve que ir a hacer algunas averiguaciones, pero no me dirás que la cosa no estaba interesante.
- Hombre, visto desde esa perspectiva...
- Pues lo mejor era lo de los elementos de un conjunto. ¿Tu no te acuerdas de que el ayuntamiento había contratado a un grupo musical para las fiestas del pueblo? Las fiestas del santo patrón, San Nicanor del septimo pisotón. ¿Y que la actuación se suspendió porque la vocalista se había quedado afónica en un karaoke?
- No sé, a mí ya sabes que las cosas del pueblo...
- Pues con esa información me lancé a la calle...
Y esto fue lo que me contó:
Entró en el estanco a comprar cigarrillos con sabor a plátanos, porque no le terminaba de cuadrar lo de que hubieran podido invitar a plátanos a alguien sin que se viera ninguna platanería por las cercanías.
- Cigarritos de plátano no tengo, señorito -le dijo la estanquera- pero puede comprar anguno en la frutería de aquí al lado y fumar muy deprisa mientras se lo come.

El hecho de que hubiera una frutería tan cerca otorgaba un nuevo punto de vista a sus pesquisas. Así que se acercó al tal sitio. Lo primero que vio fue un mostrador, detrás unas tetas y detrás una señora muy fea.
- Buenas tetas, que diga, no, perdón, Buenas tardes. Es que me he distraido porque como ya es jueves y ya ha cantado la alondra.
- Buenas tardes, ¿que se le ofrece, pollo?
- Es que yo soy detective y estoy investigando un caso de mucho misterio. ¿Son de verdad?
- Pues yo no he matado a nadie ni nada. Y además tengo coartada. Y tengo unas naranjas muy ricas también. ¿Quiere llevarse naranjas, pollo? Venga, que se las voy a poner muy bien de precio, están muy ricas. Ya verá como se las come usted a la carrera y se chupa los dedos y todo. ¿Cuanto le pongo?
- No, gracias, señora. Lo que me gustaría saber es donde estaba usted anoche a la hora de salir de misa de ocho...
- ¿Cuanto le pongo? ¿Tres kilitos de naranjas y uno de mandarinas? ¿Ha visto usted que mandarinas más ricas tengo? ¿Ha visto que hermosura de mandarinas? ¿A que dan ganas de adoptarlas de lo ricas que están? ¿A que sí?
- No, gracias. Es que yo no soy de comer naranjas. ¿Tiene usted plátanos con sabor a cigarrillos?
- ¿Cómo? No se de que me habla -Dijo la frutera detrás de sus tetas poniéndose evidentemente nerviosa- eso son habladurías. Eso no se lo que es. Váyase, váyase.
- Vaya, vaya. Esto es muy interesante. Así que usted no sabe nada de lo que le estoy hablando, ¿verdad?


- Está bien, lo confieso. Lo confieso todo. Yo me disfracé de bruja el sábado pasado, que era Halloween. Y me puse un escoque y me maquillé como si fuera guapa. Enseguida se me enamoró el vizconde de Gutiérrez y me invitó a mariscadas y otros manjareces de esa índole. Yo soy buena y casta y pura, pero esa noche, como iba de bruja, fui un poco guarra y a la mañana siguiente, cuando alboreó el gallo y el vizconde me vió al natural ya no me amó ni nada. Se limitó a seguir haciéndome guarrerías hasta la hora nona y luego se marchó. El desánimo y la sinrazón se apropiaron de mi ánimo y víctima de la desazón, me fui a comer chocolates y a llorar mis penas.
- Jo, chocolate, con lo que a mí me gusta...
- Pues se aguanta, que me lo comí yo todo. Luego supe que esa rubia platino de bote de Marisa Gutiérrez era la amante nueva del vizconde y pagué al mequetrefe de la farmacia para que le llevara esa misiva de forma secreta a la señoritinga.
- Con lo que a mí me gusta el chocolate...
- Yo no quería que todo se fuera de su cauce -insistía aun la señora fea.
- Pues si no me vas a dar chocolate, me chivo. Le voy a decir a la señá Marisa que es usted una bruja mala.
- Yo soy buena. Yo soy casta. Yo soy pura. A veces me emputezco un ratico, pero es por el tiempo.

En este punto mi amigo se entristece, se le entrecorta la voz y noto como su mirada pierde la fuerza que siempre lo ha caracterizado. Con apenas ya un soplo de voz me dice:
- Y no me dio chocolate, la hija de puta.

lunes, 22 de junio de 2015

Los escritores malditos I. Los poetas

Vamos a dar comienzo hoy, por gentileza del "Gabinet of scrittors maldits of the eminent proffesor Susodicho Smitsonian", a una serie de clases magistrales sobre uno de los géneros más controvertidos de la literatura universal.
Se llaman escritores malditos a todos aquellos escritores que han tocado temas que se consideraban politicamente incorrectos, de mal gusto, inconexos con la realidad, excesivamente cursis o que escribían con faltas de ortografía.
Hoy, por ser el día que es (lunes) vamos a empezar a hablar de los poetas malditos, y más concretamente de:



Don Fewderico Picosquina, Vate.
Sus padres lo bautizaron como Federico García. Cambió su nombre cuando se consideró mayor de edad debido a ciertas deudas de juego. De pequeño le llamaban Federiquín y le daban cocotazos.
Fue compañero de colegio de Gustavo Adolfo Becquer, a quien guardó ojeriza el resto de sus días. Parece ser que esa rivalidad comenzó cuando eligieron delegado de clase en cuarto de primaria y Gustavo le ganó por 34 votos. Federiquín impugnó las votaciones y el maestro, el reverendo padre Pérez, le dio un capón y lo castigó sin recreo.
De esa época parecen datar estos versos:
Padre Pérez
eres muy feo
y como no te esmeres
mal te veo
y te voy a dar una hostia que te voy a poner la cara del revés
hijoputa.

Cuentan las crónicas de ese tiempo, que el joven Federiquín se enamoriscó  de una moza plebeya que vivía en el mismo barrio. Parece ser que la rondaba, y dada su natural timidez no se atrevía a hablarle directamente. Viendo que sus condiscípulos usaban de escribirles notas con versos a los objetos de sus amores, decidió hacer lo mismo y le escribió

Mujer, de mis sueños azote
tus ojos son muy bonitos
tienes un culo que me pone palote
te voy a voy a hacer guarrerías hasta que te de hipo
y te regalaré de mermelada un bote



Recibió una orden de alejamiento y un suspenso en la asignatura de rimas. No desistió de su empeño y volvió a escribirle el mismo verso pero en un papel limpio. Esta vez se lo mandó por correo certificado y esta vez la bella, de su puño y letra, le contestó:

Muy señor mio:
Que me dejes.
Gilipollas.
Atentamente:
La Bella.



Consternado, se dejó el bigote, aprobó álgebra y quiso meterse en la legión extranjera. Le pillaba muy lejos (en el extranjero nada menos) y optó por no alistarse.
Con el paso de los años acabó sus estudios y entró a trabajar de contable en una casa de moneda y timbre. Pronto se hizo encargado de los timbres y las campanillas, llegando a hacerse amigo de Peter Pan, a quien escribió en la dedicatoria de un recibo:

Pedro, Pedro
¡Que cabrón eres, muchacho!



Por esa época empieza a cobrar fama la obra de Becquer, Fewderico (ya se había cambiado el nombre) escribe:

Me postraré en el balcón de mi casa
con la escopeta de postas preparado
y cada vez que vea pasar una golondrina 
me la cargo
Veras tu como no vuelven



Tiene un éxito discreto. Es retado a un duelo por Don Jacinto Margarito, que padecía un golondrino y se siente aludido por el poema.
La autoridad impide que se batan como dos vulgares huevos para una tortilla. A modo de disculpa, en el prefacio de su primera obra "Rimas, pero de las buenas" escribe
"Al señor Don Jacinto Margarito, a modo de desagravio, me gustaría dedicarle este sencillo poemilla:
Te has salvado por el canto de un duro
caraculo"


Destaca de esta primera obra este soneto:
Que es poesía
me preguntas,
pues míralo en un libro
y no des mas el follón
que eres muy pesadita, rica



El ministerio quiere retirarle el titulo de graduado escolar con carácter retroactivo y toma cartas en la historia la Santa Inquisición.
Se inicia así uno de los procesos mas vergonzantes de la historia universal, el conocido como proceso 1854/75/A48-00/ANN32. El inquisidor general del reino designa a Benigno Párvulo Primo, a la sazón inquisidor becario para que lo juzgue.
El proceso comienza un 22 de junio. Se somete a Fedewrico Picosquina a un dictado. Es un dictado muy difícil, lleno de haches y uves y beses, con muchos acentos y puntos y comas y de todo.
Aprueba con un cinco raspado y se le somete entonces a la prueba de las sumas y restas. Hay que tener en cuenta que eran tiempos remotos y las operaciones aritméticas había que hacerlas a mano, no venían ya hechas, como hoy en día. El insigne vate aquí falla, se hace un lío entre el 7 y el 4 y suspende.



Es la ignominia inmediata. El descrédito absoluto. Que un hombre de 42 años tenga que volver a sacarse el graduado escolar era una tara muy tremenda en aquella época. Encima le retiran el título de poeta y le prohiben escribir nada que rime.
Acabó sus días repitiendo otra vez sexto. Se le habían atrancado las ciencias naturales y no había manera de que se aprendiera las partes de una flor.
En su epitafio se puede leer:
¿Por una mirada un mundo?
Pero ¿Tú eres tonta, rica?





domingo, 7 de junio de 2015

La correspondencia secreta de Spiderman

Estimado profesor Octopus:
Espero que al recibo de la presente esté usted bien.
El motivo de esta carta es para comunicarle que en nuestro último encuentro estuvo usted muy grosero. Es cierto que siendo usted un archivillano y yo un superhéroe nos peleemos, nos demos de mamporros y hasta que intentemos matarnos. Más usted, que como es muy malo, siempre está intentando hacer daño al prójimo. Pero eso no es excusa para que me insulte. No me importa si me llama sucio trepamuros, o lacayo de los polizontes o alguna de esas expresiones tan pintorescas que se le ocurren a usted, no sé si por efecto del alcohol o de su pura maldad, que le reconcome el cerebro, pero llamarme Cabronazo me parece un exceso.
Por otra parte, me gustaría decirle que si tenía intención de tenderme una emboscada este sábado, que no voy a poder asistir por haber quedado con unos amigos para ver el partido. Si a usted le da igual me puede tender la emboscada el domingo. Y si me hace el favor, que no dé mucho el sol, que ya hace calor para pelearnos y termino sudando como un pollo.
Atentamente...



Señor Spiderman:
Acabo de recibir su carta de fecha 15 del presente y me quedo consternado.
Me dice usted que yo le insulto, ¡Yo! que soy un bendito del señor. Ya ve usted, porque una vez en el calor de la trifulca le dije cabronazo, seguramente sin querer y con seguridad sin ninguna intención de ofenderle. En cambio usted me ha dicho que me voy a quedar calvo y que me huele el aliento y yo no me quejo.
Y no voy a entrar en el gasto tremendo que me ocasiona usted cada vez que me rompe una de las patas metálicas. ¡Que son de tungsteno, señor mío! Y el seguro no las cubre de ninguna de las maneras.
Este sábado no tenía intención de tenderle ninguna emboscada. Quería ver el partido yo también, está el Betis de Broklyn que se sale. La verdad es que da pena el Rayo Manhattiano, con lo bien que iba la temporada pasada.
Pásese por el Corte Neoyorquino de la Quinta Avenida y cómprese un disfraz de spiderman transpirable, que los tiene por cuatro cuartos.
Atentamente...

Profesor Octopus:
(¿Qué es esto de que se le llama a usted doctor en algunos círculos? Pero si suspendió usted microbioneurología de cuarto, ¿cómo va a tener un doctorado?)
¿Me llamaba guarro en su última carta?
Atentamente...



Spidermanito:
No me andes tocando los cataplines, rico.
Tengo un doctorado, te guste a ti o no. Es cierto que está a nombre de otro investigador, pero el título es mío.
No te llamé guarro, que podría, porque echas un pestazo a sudor que dan ganas de dejarte ganar y no pelearse contigo. ¿Tú te duchas? Me refiero a que si lo haces a menudo, y no me vale eso de que te duchas una vez al mes lo necesites o no.
Por cierto, ¿fueron imaginaciones mías o me guiñaste un ojo el otro día en el atraco del banco?
Atentamente...

Octopus:
¿Qué estás insinuando? Se me metió una carbonilla en el ojo y no pude evitar parpadear. Eso no significa nada. Lo mismo te podría decir yo, que me tocaste el culo. ¿O crees que no me di cuenta? ¡¡Que para darme un puñetazo en el pecho no hace falta palparme las nalgas, listo!!
Yo me ducho todos los días, que lo sepas. Y uso un desodorante de La Toja muy bueno que me compra una tía mía.
Atentamente...



Spiderman:
Esto ya pasa de castaño oscuro. Me has destrozado dos brazos metálicos ¿Tú sabes lo que me va a costar arreglarlos? Mira, pensaba regalarte dos entradas de tribuna para la final de la copa y te voy a regalar una mierda.
Y que sepas que ahora cuando nos volvamos a pelear te voy a tirar los puñetazos con mala intención.

Octopus:
No tienes huevos tu a darme un puñetazo a mí a mala baba.
Te cojo y te reviento, muchacho.
Te voy a echar telarañas hasta que te escuezan los ojos.
Te voy a meter un abrelatas por el culo y vas a parecer un transformer mal terminao, muchacho

Spiderman de pacotilla
Eres un andrajoso y un bocazas.
Tú no has usado desodorante en tu puta vida. Tío marrano.
Y que sepas que me ha contado El duendecillo verde que a él también le has tocado el culo. A ver si ahora va a resultar que eres un poco mariposón.

Me cago en tu padre, Octopus.
Atentamente...



jueves, 21 de mayo de 2015

21-05-2015. Querido diario:

Querido diario:
Esta mañana he desayunado café con leche. Como no tenía nada para mojar he preparado unos huevos fritos. Creo que no ha sido una buena idea, no se dejan mojar bien en la leche y se me rompían en los dedos. ¡Que ingratos son conmigo los huevos fritos, con lo que yo los quiero!
Anoche soñé otra vez con el jefe bandido de la cueva del nivel 14, el muy asqueroso tiene una espada de rayos y en el sueño cada vez que me mataba se reía. Bueno, en el juego también. Lo paso muy mal, así nunca seré Archimago. Esto me causa gran consternación y una frustrante sensación de que me pica la nuca. He intentado explicárselo a mi terapeuta, pero se encierra en su despacho cuando me ve venir y no atiende a las cosas tan interesantes que le digo. Lo peor fue la vez aquella que se disfrazó de su secretaria e impostando la voz me dijo que ya no trabajaba allí, que se había hecho escayolista y se había ido a Canarias a trabajar.



Querido diario:
Anoche soñé que volvía a la cueva de los ladrones. Habían cerrado la entrada y se habían ido a Canarias a trabajar de escayolistas.
Esta mañana al ir a hacerme el desayuno había un trozo de escayola en el fregador.
Lo he fregado y puesto a escurrir, pero no recuerdo haberlo puesto para lavar, extrañamente parece faltar un trozo de escayola del techo de la cocina.

Querido diario:
Ayer me pasaron un parche para el juego. Para ser Archimago no tengo ya que matar al jefe bandido de la cueva del nivel 14, si no ganar unas oposiciones. ¡Que bien!
Mi vecino me mira raro.
Me asaltan dudas existenciales.  Es terrible, porque también me asaltan dudas no existenciales. Y yo no asalto a nadie, que soy un angelico.

Querido diario:
Me han pasado el temario de las oposiciones para Archimago. Son siete volúmenes de magia arcana y otro de hechizos de tercero. El que hizo el parche se lo curró bien. Da gusto que haya gente que se meta tanto en el papel.
Conseguir los libros ha sido un poco caro, pero creo que merecerá la pena. Al fin y al cabo, mi primo Eusebio para ser conserje estuvo estudiando un año y yo voy a ser Archimago en un par de días. Ja ja ja. Y luego el tonto soy yo.
Voy a estudiar.
 
Querido diario:
Anoche soñé que estaba estudiando y me venía a ver mi vecino disfrazado de jefe bandido de la cueva del nivel 14. Al principio discutíamos y luego se ponía a llorar porque dice que desde que me he metido a estudiar ya no voy a que me mate y se ría de mí.
Creo que es un ingrato.
Además, ayer había un trozo de escayola en el pasillo. Y mira por donde falta un trozo de escayola del techo de ese mismo pasillo. Es mucha casualidad.



Querido diario:
Cuanto más me intereso en mis estudios de hechicería profunda más convencido estoy de que erré mi camino en la vida.
¿Cómo es posible que todos estos años viviera ignorante de que que no se pueden lanzar bolas de fuego si el nivel de maná es menor de 15?
Me avergüenzo profundamente.


Querido diario:
Ya he hecho el examen para mis oposiciones de Archimago. El que hizo el parche ha hecho que nos presentáramos además de yo otros quince personajes del juego. Había un campesino que me miraba raro. El examen no era demasiado difícil. No creo que tarden mucho en darnos los resultados.
He estado otra vez en la consulta de mi terapeuta, pero sigue en Canarias

Querido diario:
No he ganado las oposiciones. Para colmo me han expulsado de la Universidad Arcana por burro. Creo que no ha sido buena idea instalar ese parche.



Querido diario:
¡¡Me han pasado otro parche genial!! Puedo ocupar un despacho de terapeuta en la capital del reino y tratar al jefe bandido de la cueva del nivel 14. Por lo visto sufre trastornos de personalidad y tendencia a la esquizofrenia compulsiva. No podré lanzar bolas de fuego, ¡¡pero le podré mandar electroshocks!!